Mundial de Futbol o Mundial de la FIFA?

La última semana de marzo pasado, noticias emanadas de la FIFA reforzaron las percepciones sobre los intereses en juego. La Copa del Mundo de 2014 está rindiendo a la entidad la mayor facturación y lucro de su historia, 30,87% superior a la de Sudáfrica, fruto de la comercialización de nuevos contratos por los derechos de televisación y marketing (de US$1.059 a US$1.386 mil millones)

Ladrón, Chantajista. Hijo de p…” Con estas palabras, el ex jugador Romario, ahora diputado federal , le respondía el 19 de marzo pasado al polémico secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, que un día antes había declarado en el The Times británico, que el mundial de Brasil puede ser uno de los peores de la historia. “Este Valcke viene al país, manda y desmanda, habla, se desdice y todo el mundo lo aplaude. Este tipo es uno de los peores chantajistas del deporte mundial, este sujeto y el presidente Blatter son unos ladrones corruptos, hijos de p…. Estos 2 ladrones conocidos por los brasileños van a terminar millonarios con la Copa”, concluyó Romario.

El dueño del circo, Joseph Blatter, reparte su falsa sonrisa a doquier. Al mejor estilo cosa nostra, este Al Capone de la modernidad procura calmar patrocinadores y no esconde la preocupación de la multinacional FIFA por la realización exitosa del próximo mundial de fútbol. Por primera vez en su historia, la FIFA es objeto de múltiples y públicas críticas por parte de sectores populares del país organizador. Brasil está tensionado, pasión futbolera de por medio, por un coro heterogéneo que divide sus preferencias por el éxito o el fracaso del evento. A Blatter y sus lobos, les da lo mismo que el evento sea en Alemania, Brasil o Qatar. Prometen desde su Olimpo en Zúrich llevar a tierras lejanas el show del fútbol ofreciendo como moneda de cambio, 2 mil millones de telespectadores. En contrapartida, por los 30 días de estrellato en las teles de todo el planeta, la FIFA pasa durante 5 años sus gendarmes por ventanilla para exigir lo que es bueno para su negocio, no para el país anfitrión. Este ida y vuelta de verificaciones sobre el estado de los proyectos y obras, recordó en Brasil las tristes y monotemáticas misiones del FMI que, a través de sus auditores de turno, controlaban si el país se adaptaba a las exigencias financieras del fondo y si cumplía los acuerdos por una deuda externa impagable, contraída por la dictadura.


La FIFA estÁ acorralada. La última semana de marzo pasado, noticias emanadas de la FIFA reforzaron las percepciones sobre los intereses en juego. La Copa del Mundo de 2014 está rindiendo a la entidad la mayor facturación y lucro de su historia, 30,87% superior a la de Sudáfrica, fruto de la comercialización de nuevos contratos por los derechos de televisación y marketing (de US$1.059 a US$1.386 mil millones). El secretario Valcke, explicó que “superamos todos los récords con la venta de ingresos y programas turísticos de hospitalidad. Esto muestra que Brasil es el país del fútbol”. Para después mostrar sus verdaderos objetivos… “Es increíble ver cómo, en un mundo con tantas dificultades, hay mercado para el fútbol. Estamos creciendo. Ganaremos más dinero en Rusia (2018) y en Catar (2022), porque el crecimiento financiero no está relacionado al lugar donde la Copa se realiza. Éste es un evento único”.

Finalmente, Brasil está haciendo el mundial que podía y no el que la FIFA exigía. Con 12 nuevos bellísimos y cuestionados estadios. Con muchas de las obras de infraestructura requeridas por la FIFA todavía no finalizadas. Pero Blatter está huérfano en esta confrontación. En 2012 sus socios locales, el ex presidente de la FIFA, Joao Havelange, y su yerno, Ricardo Teixeira, ex presidente de la CBF (Confederación Brasileña de fútbol) renunciaron a sus cargos en la FIFA al ser condenados en un tribunal de Zúrich por la recepción ilegal de comisiones de la empresa de marketing deportivo ILS. Negocios corporativos, lobbies, poder, la cúpula de la FIFA está salpicada por oscuras transacciones, donde nunca aparece un límite claro entre lo público y lo privado. Los mundiales, desde sus orígenes siempre estuvieron atravesados para la afirmación política y la autoestima nacional. Desde la Italia de Mussolini que disputó la final de la Copa de Francia del 38 vestida con la camisa negra del Duce en vez de la tradicional azzurra, hasta nuestro triste mundial del ’78. Sin embargo, este mundial es diferente. FIFA y gobierno están amenazados por una sombra que genera preocupaciones en común, las esperadas manifestaciones populares durante el transcurso de la Copa. Amenazan al gobierno de Dilma, por los fantasmas que provoca de cara a las elecciones presidenciales de octubre de 2014. Y a la FIFA porque, por primera vez en su historia, probablemente será cuestionada por millares en las calles. Los efectos de esta acciones pueden tener un carácter similar a los primeros disturbios antiglobalizantes promovidos por los movimientos sociales en Seattle en 1999 contra la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en la cual participaron más de 40.000 manifestantes que fueron duramente reprimidos por la policía. Para los profetas de la globalización, después de Seattle, nunca más fue lo mismo.

Los 6 patrocinadores fijos de la FIFA (Adidas, Coca Cola, Emirates Airways, Hyundai, Sony y Visa) y los 14 exclusivos para la Copa, que han invertido millones para asociar su marca a un evento popular en sintonía con las buenas prácticas empresariales, verán con buenos ojos a sus cuidadas marcas globales en el medio de la revuelta popular, con jóvenes gritando su ira entre gases y piedras.


Un mundial para Ricos. Las razones para el desencanto. Mientras tanto, el mundo futbolístico se tiene que consolar con entradas a precios para ricos adjudicadas vía un aparente transparente sorteo electrónico realizado por la FIFA. En tiempos de globalización neoliberal, la Copa está diseñada para un sector social. Los que sobran, tienen la tele para mirarlo. Que pague el que puede. Todo esto ha contribuido sobre manera para generar un abismo entre el país real, sus hinchas, las expectativas, los sueños y la Copa. Las entradas más económicas para asistir a un partido de nivel medio ya están disponibles en el mercado negro que circula por internet a partir de US$ 1.800 dólares por ingreso.

¿De dónde surge este mercado negro? ¿Quién lo provee de entradas? ¿Por qué en sucesivos mundiales estas prácticas se repiten?

En Brasil, diversas fuentes confirman que las bocas de venta en el mercado negro están alimentadas por los ingresos obtenidos por las agencias oficiales de turismo de la FIFA y la CBF. Son los grupos Águila y Match, este último, de propiedad de Philippe Blatter, sobrino del presidente. Estos 2 grupos tienen el monopolio de los lucrativos negocios de los palcos corporativos y delegaciones oficiales.

Este mercado se nutre de los tickets desviados por estas operadoras, pero no sólo por su cuota como agencias oficiales sino también por los ingresos que obtuvieron en el sorteo digital organizado por la FIFA, ingresando con nombres y CPF´S (inscripción fiscal brasileña equivalente al Cuit local) de personas ya fallecidas. Para acceder al máximo de 4 ingresos por persona, se tenían que insertar estos datos en el sorteo virtual.


Miedo al abucheo. Blatter ya avisó. No habrá discursos en la fiesta de inauguración del mundial. Será la primera vez que esto ocurre en la historia mundialista. En el otro costado del ring, el gobierno Dilma está sitiado por una campaña anti copa, que junta profetas del pánico a la izquierda y a la derecha de su gobierno. El atraso en las obras de infraestructura no realizadas y aeropuertos en estado calamitoso, alimentan críticas de todo tipo. Entretanto, hay significados que seguramente encontrarán su eco en el futuro. No se puede organizar una Copa del Mundo de fútbol en Brasil como si el país tuviese la realidad económica y financiera de un país del primer mundo o considerando solamente las nuevas demandas de la sociedad del espectáculo y de la globalización de las imágenes que impone exigencias absurdas. Ésta fue en última instancia la necesidad que orientó la construcción de los 12 nuevos faraónicos estadios. Existe una completa inversión de valores. La FIFA fue creada como una entidad al servicio del fútbol. Se transformó en una organización comercial que explota el producto fútbol como una mina de oro de su propiedad. Están acostumbrados a que países y empresas se arrodillen a su poder. Le dobló la mano al poder público brasileño. Impuso nuevas leyes, atropelló la soberanía nacional. Brasil, por la boca de Romario expresa un sentimiento que circula en el país. Considera a la FIFA un antro de ladrones y que la Copa del Mundo es de los jugadores e hinchas y no de la FIFA. Vale recordar que ante la muerte de 2 obreros en las obras de finalización del estadio mundialista en San Pablo Pelé manifestó recientemente que “cosas como ésta son comunes en la construcción”. Para Romario, “Pelé callado es un poeta”.

 

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