EL LABORATORIO: Monsanto ultima una tecnología de organismos que matan especies mediante el apagado de genes


El Laboratorio señala que ‘la multinacional prepara el lanzamiento de plantas transgénicas y pesticidas basados en una técnica que sacudió a la ciencia mundial en 2006 y en poco más de dos años llegará a los campos de Estados Unidos, Brasil y, por supuesto, la Argentina: la interferencia de ARN.

 

El ARN (o RNA) es una molécula inteligente que, entre otras funciones, se ocupa de transmitir órdenes que el ADN envía a las células para la producción de una determinada proteína… Monsanto puso en marcha en el último lustro un programa para el desarrollo de semillas que incorpora la interferencia de ARN como una herramienta para la erradicación de los insectos que atacan a algunos de sus eventos transgénicos’. A continuación los detalles.

Ese rasgo de nuevo dios que Monsanto transmite desde los laboratorios cada vez que sacude la biotecnología con un nuevo desarrollo se percibe hasta en los ascensores de las oficinas que la multinacional posee en la ciudad de Buenos Aires. La compañía opera cuatro pisos y medio del edificio de Maipú 1210, frente a la plaza San Martín, que también sirve de base de operaciones para otro gigante: Arcor.


Es el mediodía del jueves 3 de septiembre y se trata de la primera visita que este autor realiza a la sede local de la creadora del glifosato. La cita debe su origen a un intercambio concretado días antes -vía redes sociales- con Luiz Beling, presidente de la compañía para la región Latinoamérica Sur. El motivo: las versiones sobre una nueva tecnología plaguicida que, desarrollada por la empresa estadounidense, opera interfiriendo la producción de determinadas proteínas.


El interés por conocer tanto el estado de situación del proyecto como su potencial arribo a la Argentina derivó en una consulta a la que el ejecutivo brasileño no rehuyó. Muy por el contrario, Beling no sólo respondió -aunque de forma escueta- algunas preguntas sino que, además, extendió contactos de científicos de Monsanto en Buenos Aires para que quien aquí escribe pueda indagar en el tema con mayor profundidad.


"Estamos manejando la nueva tecnología desde Saint Louis (sede central de la firma en Estados Unidos). La persona para contactar localmente es Miguel Álvarez Arancedo (director de Asuntos Regulatorios de la multinacional)", aconsejó el ejecutivo.


Una serie de correos electrónicos intercambiados en el lapso de 24 horas con el equipo de prensa de la compañía bastó para concertar un encuentro con especialistas que prometían explicar todos los detalles del invento en progreso. Previo a ello, Beling anticipó cuándo y dónde se dará la irrupción comercial de la tecnología: "Se está preparando para ser lanzada en Estados Unidos en el 2018. Primero será en Estados Unidos y luego en Brasil y la Argentina"…



LA INTERFERENCIA DE ARN


"Patricio Eleisegui, por acá, subamos un piso y vamos a la sala de reuniones", saluda e indica el ascensor una integrante del área de Comunicaciones de la empresa. Atravesada el área de soporte técnico de Monsanto en la Argentina, y ya en el sitio previsto por la compañía para la entrevista, se me informa que Miguel Álvarez Arancedo no estará presente por compromisos de viaje. Y que su lugar será ocupado por una mujer que, cargada de papeles, momentos después de instalados en la sala de reuniones toma asiento frente a este autor: la doctora Clara Rubinstein, líder de Asuntos Científicos de la multinacional para América Latina.


Su intención, por supuesto, será erradicar cualquier visión negativa que quien aquí escribe pueda obtener sobre la principal apuesta de Monsanto hacia adelante: el desarrollo de plantas transgénicas y pesticidas basados en una técnica que sacudió la ciencia mundial en 2006 y en poco más de dos años llegará a los campos de Estados Unidos, Brasil y, por supuesto, la Argentina: la interferencia de ARN.


El ARN (o RNA) es una molécula inteligente que, entre otras funciones, se ocupa de transmitir órdenes que el ADN envía a las células para la producción de una determinada proteína. Cuando opera de esa forma, este ácido recibe el nombre de "Mensajero". En tanto se desarrolla a modo de copia del ADN, el ARN está conformado por pequeñas masas moleculares unidas unas a otras bajo un patrón que los científicos identifican como de "simple cadena". Este criterio es una diferencia básica respecto de las formaciones que, por ejemplo, presentan los virus, cuyas estructuras se basan en un ordenamiento de doble cadena de moléculas.


Cuando ocurre la aparición de ARN de doble cadena, es común que las células de cualquier organismo disparen complejos proteicos con el fin de eliminar a estos mensajeros. El resultado es la supresión, por extinción del ARN extraño, de la orden emitida por el ADN. En concreto, una determinada proteína deja de ser sintetizada. Dicho proceso, que dentro de los laboratorios se conoce como "interferencia", tiene lugar de forma natural en todos los seres vivos en cada instante de sus respectivas existencias.


Atenta a este proceso, y productos de la crítica social al desarrollo de agroquímicos y las resistencias que los insectos vienen desarrollando a sus semillas con toxina BT -inmunidad que la compañía reconoce puertas hacia adentro-, Monsanto puso en marcha en el último lustro un programa para el desarrollo de semillas que incorpora la interferencia de ARN como una herramienta para la erradicación de los insectos que atacan a algunos de sus eventos transgénicos.


El resultado es el desarrollo que Beling confirmó para 2018: la semilla de maíz Corn Rootworm 3 (CRW3), un organismo genéticamente modificado que incorpora un ARN de doble cadena que se activa sólo cuando una variedad de escarabajos ataca las raíces de la planta. Basta que la larva del insecto pruebe el tejido del vegetal para que ese mensajero, ya dentro del coleóptero, active un mecanismo de defensa celular que termina por inhibir proteínas básicas para la supervivencia del escarabajo. En consecuencia, este muere.


Según Monsanto, la técnica permite operar sobre un blanco específico aunque, claro, el ARN varía por secuencias dentro de poblaciones de una misma especie. Por ende, la interferencia en tanto plaguicida sólo sería efectiva para una determinada generación de insectos. Este aspecto, la finitud del efecto, sumado a lo costoso de desarrollar ARN, es una de las primeras cuestiones que siembran dudas respecto de la apuesta de la compañía. Pero, claro, la estadounidense no acotará esta tecnología únicamente al desarrollo de semillas: en voz baja, Monsanto trabaja en el diseño de variedades de spray que, ARN incorporado, actuarán contra insectos o malezas específicos.


Si bien la empresa mantiene este desarrollo todavía en etapa preliminar, todo hace suponer que dicho compuesto también se aplicará bajo el esquema de fumigaciones. A diferencia de la semilla de maíz, se desconocen fechas de lanzamiento comercial y arribo a la Argentina de esta nueva modalidad pesticida.

 

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